La globalización trajo los cambios y transformaciones sociales, las reestructuraciones e innovaciones tecnológicas y el desarrollo geopolítico acaecido en estas últimas décadas del siglo XXI, con ello también, ha surgido el crecimiento y expansión de las organizaciones criminales que amenazan la estabilidad política y económica; en cierto sentido puede afirmarse que la criminalidad organizada trasnacional no es sino la otra cara oscura de la globalización, o quizá la expresión del capitalismo más salvaje, que se rige por sus propias leyes y principios, en busca de beneficios económicos, conseguir la impunidad y lograr costas de poder.
En este entendido, desde hace varias décadas, uno de los más importantes retos o desafíos a los que viene afrontando la sociedad es sin duda la expansión, la consolidación y la internacionalización del crimen organizado en sus diversas modalidades, desde una delincuencia organizada de alto nivel que está estrechamente vinculada a las mafias (no solo las mafias tradicionales sino también a otras organizaciones criminales más modernas dotadas de una estructura operativa infiltrada en los poderes del Estado con capacidad de corrupción), pasando por la criminalidad organizada común. La corrupción política como el crimen organizado son fenómenos que suelen ir de la mano, dando lugar a las redes oscuras de poder, violencia, y dinero; creando un riesgo para la consolidación de un estado democrático.
La delincuencia organizada trasnacional, es fruto de la penetración de las organizaciones criminales a los diferentes estamentos del aparato estatal, creando barreras burocráticas, políticas y administrativas, y en el poder económico para que de esta manera pueda expandir sus negocios internacionales delictivos; como el tráfico de armas, tráfico de migrantes, lavado de activos, minería ilegal, tráfico de drogas, secuestros, extorsión, robos, contrabando de automóviles, materia nuclear, fraude, etc.). Consecuentemente ha dado lugar al debilitamiento de las organizaciones estatales, y de los poderes públicos. Su pérdida de capacidad para garantizar el cumplimientos de las leyes, y la inevitable corrupción que surge en las instituciones políticas y administrativas, regla general que influye de manera decidida en proceso de asentamiento, crecimiento e internacionalización de las organizaciones criminales.
En este contexto, la moderna criminalidad organizada y en particular la que se conoce como delincuencia institucionalizada (mafias, cárteles), es distinta y distante de la delincuencia tradicional en planeamiento, formas de actuación, objetivos y fines, desarrollo a gran escala, con criterios empresariales con un alto nivel de profesionalización y en un ámbito de actuación supranacional con el objetivo de obtener ganancias y beneficios económicos producidos por la ejecución sistemática de actividades delictivas, los cuales son incorporados al sistema económico legal para legitimar su origen y poder operar en los mercados financieros y comerciales.
Esto explica que uno de los pilares esenciales de las estrategias nacionales e internacionales contra la criminalidad organizada está constituido por la investigación y persecución del delito de lavado de activos.
Autor: Luciano Jacha Valderrama